NOTA PARA UNA PSICOLOGÍA DEL COSMOS
El Universo estaría formado por infinitas entidades o “yoes”, que pueden estar solapadas, en tanto mayor número cuanto más densa y dura sea la materia, en cuyo caso no se sienten plenamente a sí mismas –no son del todo- y generan una fuerza de disociación en pos de su libertad, resultando de ello la expansión del Universo. Esta expansión es, por una parte, acelerada, como han observado los astrónomos, ya que si un volumen dado, compuesto por infinitas de dichas entidades, se divide, y los dos volúmenes que nos quedan se dividen a su vez, la velocidad de expansión en la frontera del Cosmos –más allá de la cual “está” la nada, la ausencia total de resistencia- será ahora el doble que antes. Y por otra parte, este proceso de división o disociación no tiene principio ni fin, ya que la división de un número infinito por uno finito nos da otro que sigue siendo infinito, según se admite en Matemáticas en ciertos casos.
En cuanto a la materia más o menos densa que vemos a nuestro alrededor (nosotros/as mismos/as), si permanece como tal, sin disgregarse, se debe, no a una supuesta fuerza de atracción, sino a que el Espacio, al expandirse, ejerce una presión hacia dentro, según el principio de acción y reacción de Newton, que la mantiene en esa condición (en ese sentido, Newton pensaba que la fuerza de la gravedad estaría causada por unos rayos que, incidiendo sobre los cuerpos los hacían caer; y que igualmente la cohesión de los objetos se debe a esa misma presión del éter). Según la Termodinámica, un sistema cerrado tiende al desorden, pero dado que el Universo es, como se ve, abierto, se mantiene un orden perfecto: por un lado el vacío, y por otro la materia densa.
El estado más perfecto posible, la autoconciencia y felicidad plenas, al que tiende todo lo existente, sería por tanto el resultado final de ese proceso de expansión, el vacío absoluto (inalcanzable); ello coincide con lo que pensaba Wang Bi, un filósofo chino que vivió hace unos 1700 años, que consideraba que el vacío es lo más valioso. Y asimismo, John Stuart Mill, el filósofo inglés del siglo XIX, hablaba de "...dar entera libertad a la naturaleza humana para expandirse en innumerables y opuestas direcciones."
Ahora bien, esas unidades existenciales solo pueden sentirse a si mismas, en mayor o menor grado; están como "ensimismadas", encerradas en sí. Y sin embargo, el cerebro, la mente, es consciente del entorno, de algo ajeno a ella. Yo pienso que eso es posible porque precisamente en el cerebro existe una instancia capaz de comparar, usando la memoria como referencia, dos inputs o contenidos mentales puntuales (es decir, que el "cuadro" que se nos presenta, especialmente a la vista, de forma aparentemente extensa y simultánea en sus distintas partes, en realidad resultaría de ese rastreo, realizado a velocidad relámpago, durante el cual, en cada momento, se van comparando dos de esos contenidos mentales puntuales, escogidos de entre todo el cuadro. Algo así como la proyección del haz de electrones en una televisión de tubo catódico, que va recorriendo de forma ordenada cada punto de la pantalla, creando la ilusión de una imagen completa), de tal forma que si ambos presentan distintos niveles de energía, es decir de agregación o densidad, esa instancia mental generaría una acción muscular (ya sea de los músculos esqueléticos para ejecutar una acción o movimiento, ya de los músculos de las arterias para dirigir el flujo sanguíneo a una u otra parte -con lo que aumenta la sensibilidad en esa zona) que tiende a igualarlos. Por ello el "vacío", y en definitiva el dolor, se percibe normalmente como algo negativo, porque supone un contraste máximo entre una zona altamente activada, y el resto, más apagada, ya que la primera está consumiendo, absorbiendo, buena parte de la energía, a costa de la segunda (en cambio, dormirse es agradable, y cuando un@ ya está dormid@ no es consciente de nada, y sin embargo ello no le provoca ningún tipo de sufrimiento). Es decir, la heterogeneidad se traduce en una sensación de intranquilidad o dolor, mientras que la homogeneidad conlleva un estado de serenidad y bienestar.
Se trataría de una auténtica homeostasis psíquica, por lo que me atrevería a decir que la localización de esa instancia podría ser el hipotálamo, encargado de otras funciones homeostáticas, como el mantenimiento de la temperatura y de la concentración de los electrolitos, y que funcionaría justamente en colaboración con la memoria, localizada en el hipocampo cercano.
Creo que no debería ser muy difícil implementar esta función en un sistema informático, cuyos algoritmos se basan en buena medida en comparar dos valores, actuando según sea el resultado de dicha comparación. Comparación que por lo demás, sería la base de todo conocimiento y su expresión a través del lenguaje; así, una palabra -sustantivo, verbo o adjetivo- está referida a un fenómeno u objeto que es homogéneo, y se diferencia de otros de su entorno.
La vida sería un progreso en ese sentido, al buscar la homogenizacion (el desorden), transformando la materia mineral, densa, rígida, en materia orgánica, más cercana al vacío, merced a su combinación con el aire y el agua, empleando para ello diversas fuentes de energía, en especial la solar. Debemos, pues, preservarla y potenciarla en lo que esté a nuestro alcance, y siendo que el cerebro es, dentro de la materia viva, el más próximo a ese ideal de desagregacion (es el tejido menos denso del cuerpo, el más caliente), y dado que en nuestra especie, la más inteligente, el peso del cerebro es el mayor en relación con el resto del cuerpo, tenemos el derecho y la obligación de desarrollarnos lo más posible (intentando, eso sí, no perjudicar a al resto de los seres vivos, en un contexto de progreso pacífico y armonioso).
Pienso que en esa evolución hacia la disgregación (que en definitiva supone la homogenizacion entre la materia más dura y el espacio quasivacío), nuestro destino es salir al espacio interplanetario, escapando así de la presión gravitatoria, que impide ese progreso hacia una materia viva más blanda y ligera (para soportar la gravedad son necesarias estructuras musculoesqueléticas relativamente duras). Y si asumimos que forma parte de nuestra naturaleza buscar esa homogeneización entre los estados percibidos en nuestro cerebro y, en definitiva, en lo que nos rodea, podemos plantearnos a muy largo plazo, acudir en auxilio de los otros cuerpos planetarios de nuestro sistema solar e incluso del propio Sol, cuyo destino es convertirse en una enana blanca de dureza y rigidez extrema. Propongo así, que en un futuro muy lejano podríamos extraer del Sol el hidrógeno usándolo para producir energía y, mediante sucesivas reacciones de fusión (por ahora inimaginables), convertirlo en materia viva (cerebro principalmente) y elementos estructurales, poblando así con trillones de seres inteligentes nuestro sistema solar (y extendiendo este proceso a otros sistemas estelares de la galaxia), de forma que iríamos consumiendo la masa del Sol, manteniéndolo como una reserva de energía y materia prácticamente inagotable, y evitándole de paso la muerte que le espera.
Y más allá del cerebro, nuestra evolución nos conduciría a seres cada vez más etéreos o inmateriales (los ángeles o espíritus de las religiones); y quién sabe si a un único ser omnipotente y omnipresente (Dios), capaz de influir sobre el devenir del propio universo, y evitar quizás, el siguiente Big Crunch, o gran implosión, que nos espera.
Se trata, en definitiva, de distribuir el espacio de la forma más equitativa posible (teniendo en cuenta que es inacabable: aumenta a medida que el Universo se expande), pues no es justo que coexistan un Espacio altamente vacío con la materia sólida de planetas, agujeros negros, etc.
Ese Espacio vacío sería lo más parecido a lo que entendemos como Dios, si bien éste no existiría, dado que en el Universo no hay, a nivel cósmico, un cuerpo organizado, dirigido por un núcleo rector que sea capaz de actuar en función de lo percibido, buscando su propio beneficio (y eventualmente de otras entidades). No hay por tanto, un Dios que nos haya creado, pero como comentaba antes, es posible que nosotros sí podamos crear a ese Dios.
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