La entropía disminuye!
Según se suele considerar, el Universo, siendo un sistema aislado (aquel que no intercambia ni materia ni energía con su entorno), tiende a distribuir la energía uniformemente; es decir, a maximizar la entropía. Ahora bien, la cuestión es que el universo no es un sistema aislado, es decir, no está contenido por una frontera fija, sino que se expande continuamente expulsando hacia fuera materia y energía, y si consideramos que la masa equivale a la energía, según la ecuación de Einstein, E=mc2, entonces vemos que la masa, y por tanto la energía, tiende a concentrarse en zonas cada vez más pequeñas del Espacio, como ocurre cuando muere una estrella -una vez convertida, eso sí, parte de su masa en energía-, y da lugar a un remanente estelar de una altísima densidad, que puede ser: una enana blanca, una estrella de neutrones o, aún en mayor medida, un agujero negro. Si bien, algunas estrellas de masa baja o intermedia con una compañera cercana, o algunas -caso infrecuente- estrellas muy masivas y de baja metalicidad, pueden acabar su vida destruyéndose por completo sin dejar ningún remanente estelar. Por tanto, se puede considerar que de momento la entropía está disminuyendo.
Por otra parte, si consideramos entonces la homogeneidad como un indicador de la entropía, entonces el surgimiento de la vida supondría un aumento de entropía, ya que la materia viva es más homogénea que su entorno inanimado. Así, por ejemplo, en un ser vivo encontramos hasta 60 elementos de un total de 92 presentes en la naturaleza; y si consideramos por ejemplo, el hierro, vemos que en el medio no vivo, se concentra sobre todo en el núcleo de la Tierra (más de un 80%), y por contra la presencia de elementos más ligeros como el oxígeno no pasaría allí de un 5%. Mientras, en el mar, el hierro solo supone un 0,0000034 %, y el agua un 95 %. En cambio, en un ser vivo como las sardinas, la presencia de agua se reduce a un 45% y el hierro alcanza un 0,0022 % de su peso.
En definitiva, los seres vivos vendrían a ser una mezcla de los cuatro elementos que proponía el filósofo griego Empédocles: tierra, agua, aire y fuego.
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